Muchos datos económicos esta semana, ninguno especialmente “verde”, datos que nos hablan de desempleo del 20%, déficit público del 10%, morosidad de dos dígitos y bancos y cajas con cuentas de resultados al límite de lo permitido.
Consumo y productividad en colapso y un país que pierde competitividad a marchas forzadas y cuyas tierras han dejado de ser atractivas para los capitales extranjeros.
Subidas de impuestos que dañarán a las economías que han ido salvándose de la crisis y falta de consenso y acuerdo para acometer una reforma laboral sin la cual no será posible salir de la crisis.
En este contexto analizamos los datos relativos al IPC de agosto.
El índice de precios al consumo ha subido 3 décimas y se ha situado en un -0.8% acumulando seis meses de descensos y entrando oficialmente en situación de deflación.
La subida de los precios de los carburantes ha incrementado los precios relativos a los transportes y la industria del automóvil y la vivienda aumentó un -0.2% debido a los costes de calefacción.
Complejo escenario para una economía que continúa con la destrucción de empleo y la pérdida de poder adquisitivo.
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